lunes, 12 de agosto de 2019

No quiero cerrar la puerta, pero no quiero que me vean

Creo que la frecuencia con la que escribo es inversamente proporcional a la estabilidad mental que tengo, esta es la segunda vez que lo hago este mes y la tercera de esta oleada, escribir es liberador a veces.

Quiero llegar a una conclusión que ya conozco o eso dicen las voces, quiero entenderla, abrazarla y aceptarla, pero me duele el pecho, la taquicardia me sofoca, y las preguntas me ofuscan el juicio. ¿Quién puede estar seguro de nada? ¿Sigo siendo yo mismo? ¿Me he estado mintiendo? ¿Es que realmente conozco ya la respuesta?, me estreso de imaginar la envergadura de la decisión que tengo que afrontar.

Anoche soñé y voy a extenderme sobre eso, algo malo, algo bueno, un mensaje que decia que teniamos que hablar, cuanta alegria me dio eso, es el final de un camino, el problema no es llegar al final del pasaje y entender que no tiene salida, y regresar secándose los ojos, y apretando los dientes. El problema es encontrar un sendero y no saber si lo que está delante es parte de este o es solamente uno mismo queriendo recorrerlo hasta el final, perdido en la belleza que este ofrece y así llegar al infranqueable abismo que representa la indiferencia. Anoche soñe que lo encontraba, el final del sendero, no importa que haya al final: Arcadia, la nada, pero no me des la indiferencia, porque me consterna. -"Lo que te voy a decir no es malo, pero no te va a gustar", rezaba. Cariño aunque lo leí taciturno, mi corazon nunca dejo de anhelarlo, porque era tuyo, porque lleva allá donde quiero estar, un lugar estable sea este cual sea. Me levante como quien despierta de una pesadilla, no por el sueño en si, sino por haber entendido que no sucedió, que sigo aquí parado en el mismo abismo en el que me acosté.

Entiendo que este dolor es temporal, y me maldigo a mi mismo por llevarme a revivirlo cada vez que puedo, entiendo también que es parte de vivir recorrer caminos que no llevan a ninguna parte, caminos que no terminan y caminos que terminan donde empiezan, o quizá nuevamente solo le estoy dando demasiadas vueltas a las cosas.

No lloro cuando estoy sobrio, a veces lloro embriagado de tristeza o alcohol, nunca profundamente. 

Por eso cuando escribo termino cerrando la puerta.

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