Tengo en los brazos el cadáver de este amor, farfullo secretos de vidas que no sucedieron, le susurro tu nombre, me muevo, a donde no se, lo cargo para purgar esto que siento, lo cargo para sepultarlo, pero se desparrama y yo con el, en la sobriedad te evoco, te ignoro, en la beodez te lloro, y regreso a buscarte, para encontrarme a mi mismo allí donde me deje al recogerte, y no quiero hacerlo, pero dejarte sin la propia sepultura me descompone, una plegaria y una flor, para enterrarte, para entregarte, para sanarme.
miércoles, 23 de diciembre de 2020
domingo, 6 de diciembre de 2020
Un capitán se hunde con su barco, no se ahoga.
Estoy cansado, los días se disuelven como una sombra familiar en el rabillo del ojo, como alguien importante en una caterva, como un barco en el horizonte, como un amigo en la distancia, como un amor que se viste de olvido, y me enerva, el vaivén de este naufragio que lleva tu nombre, me disgusta la inconsistencia, el ruego, el desdén, la indiferencia.
Vi al cielo y me sentí solo. No por extrañarte, el luto se guarda en el pecho, no por preferirte, no por lo entregado, no por lo robado. Me sentí solo porque el remanente de esta zozobra se ve desde la orilla, y mas nadie puede identificarlo, aunque lo señalase con el dedo.
Lo voy a ocultar, para no verlo, y algún día al encontrarlo por accidente, no reconocerlo. Porque recordamos lo bueno y felizmente hacemos al olvido con lo sufrido.
Como debe ser.
Aunque hoy llore al enterrarlo, aunque se me deshilache el alma y un poco la cordura, me voy sin entenderlo, no porque quiera hacerlo, porque estoy solo, porque no hay mas nada cariño.
