Nunca supe escribir despedidas, tampoco quise hacerlo, me veo forzado o mas bien me fuerzo a hacerlo, me siento como un ciego en un pedregal, otra vez. Me voy con los ojos hinchados, las mandíbulas apretadas y las uñas marcadas en las palmas, me voy mirando para atras porque muy en el fondo no me quiero ir, porque muy en el fondo me quiero mentir, como cualquiera...
Me voy a quejar, como un niño a quien no le
terminan de contar un cuento y también me voy a justificar, porque no quiero
ser yo quien te abandona, se me amarga la garganta y se me nubla el juicio de
pensar tan solo lo que implica sacarte del hoyo que tengo en el corazón, ¿qué
hago con él?, ¿que hago con vos? y sobre todo ¿Qué hago conmigo?
Así como los funerales son para quien se queda
y no para quien se fue, las despedidas son para quien las escribe? O para quien
las recibe? Envidio profundamente a quien puede despedirse, sin la mentar nada,
sin extrañar nada, porque yo no puedo, porque aun ahora no quiero beber de la
amarga copa.
Gracias y no tanto porque estoy encaprichado, y
es más fácil dar el paso y retrocederlo un poco. Porque es más fácil disfrazarlo
de queja que de despedida, de poema que de tragedia.
No todo es tan malo sabes, también la pase
bien, también fui feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario