lunes, 2 de noviembre de 2020

La calma que precede la tormenta

He tenido decepciones amorosas, las he tenido vaya que si. Pero la de hoy ha sido tan profunda, que honestamente, no puedo expresarla con otra palabra que no sea perplejidad. 

Y me siento tan bien, tan lúcido, ciertamente hoy escribo poseído por razón, con una claridad mental que no he tenido desde que murio mi papa.

Algo cambió, si tuviera que compararlo seria con el estado de shock, tengo frente a mi una amalgama de emociones que no entiendo, y que honestamente no me provocan nada más que incertidumbre, se que en esa maraña de sentimientos que tengo atorados en el pecho hay una profundidad en la que en otro tiempo me hubiera perdido por días, es solo que ahora me representan un mero montón de sinsentidos.

No se que esta haciendo emoción ahora, y para ser honesto tampoco me importa, pero, por hoy se fue a un lugar tan oculto que me resulta tan difícil encontrarlo aunque lo busco, quiza se evaporó con el humo de los incontables cigarrillos que, de alguna forma se las arregló para consumir.

Tengo sueño, estoy cansando, pero no había sentido esta paz durante tanto tiempo, la noche es corta, y la percepción de uno mismo se disuelve en ella como el amor en la indiferencia.

Mañana cuando está amalgama de emociones comience a disgregarse voy a enterarme si emocion murió en medio de ellas, o solo las utilizo para ocultarse. 

El problema del romanticismo es ese, desear la luna como si hubiera una forma de obtenerla.


No hay comentarios:

Publicar un comentario