Han pasado dos días, o serán tres, los rayos del sol se filtran por las cortinas mal cerradas de mi habitación, el aroma del tabaco inunda el ambiente y la esencia de ese amor que se me escapa entre las manos me contamina la mente, me levanto como poseído, buscando los cigarrillos que se encuentran en el escritorio, y que me hacen compañía aun cuando todos los demás se artan.
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Empeze asi esta entrada el 5 de noviembre, la retomo hoy 9 de noviembre a la intempestiva hora que son las 5 am. Sigo incómodo la tristeza me recorre la espalda como lo haría el espasmo de un baño frío, la inconsistencia con la que escribo también me indica que a pesar de todo, he manejado la situación de mejor manera que antes, irremediablemente quiero dormir, las 6 pm me parecen la hora perfecta para hacerlo y anhelo llegar al mañana a partir de esa hora, es pues parte de este proceso de purgar el alma supongo, ayer me entere que su corazón sano, era eso lo que buscaba sanar tal y como yo lo hago ahora, pero la diferencia más grande es esa, yo sano con tiempo, entendimiento y un poco de atención hay quienes sanan robando un pedazo del corazón de otros, es por esto que ya no sirven los te quiero, porque por valiosos que me parezcan a mi su valor de cambio es escaso, y aun hoy valen un poco menos para mi, de forma inconsciente y no tanto.
La hierba está alta, como para perderse, como para encontrarse en ella, esta alta como para desesperarse, como para encontrar un te quiero que valga aún, está alta como para regresar al camino, como para perder el valor, como para llorar.
Quiero llegar a eso, hoy me cuesta tanto verlo, pero sé que está allí, me lo enseñó alguien de quien nunca te hable, hoy la hierba está alta.
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